La mitigación consiste en poner en marcha acciones para reducir y limitar las emisiones de gases efecto invernadero con el objetivo de evitar que la temperatura global del planeta siga aumentando. Estas acciones consisten en una mayor inversión en energías renovables, una transición hacia una economía baja en carbono, promover la eficiencia energética, la electrificación de procesos industriales o la implementación de medios de transportes eficientes (transporte público eléctrico, bicicleta, coches compartidos…).

Por otro lado, acciones como la fijación de un precio del carbono, traducido en impuestos sobre la emisión de GEI o en mercados de carbono que limitan el volumen de emisiones o asignan un precio para el intercambio de créditos de carbono, también son una importante ayuda a la hora de luchar contra el cambio climático. La asignación de un valor económico a las emisiones de gases de efecto invernadero lo suficientemente alto fomenta que la inversión de gobiernos y empresas se redirija hacía modelos de producción y consumo menos contaminantes.

 

Precio del carbono, la herramienta más eficiente

En la lucha contra el cambio climático, uno de los mecanismos que en los últimos años ha demostrado ser más eficiente es la fijación del precio del carbono. Este concepto nace de la necesidad de tener en cuenta el daño ambiental, social y económico que se produce al emitir gases contaminantes, lo que los economistas llaman “asumir una externalidad negativa”. En el siguiente vídeo, te contamos el origen del concepto y cómo lo aplican los gobiernos y empresas. No te pierdas este vídeo sobre el precio del carbono.